Corría un sábado normal como cualquiera en la mansión Romero, y más allá de que Goya se levantó un poco más temprano y se metió a bañar, no hay mucho por decir. Llegaba la hora del desayuno y Mimi me dijo que sirviera leche en una jarra y la pusiera en la mesa. Como no había leche, tuve que ir a comprarla.
Yo no quería salir, pero dado que la salida del baño de Goya no me interesa porque ya sabe cómo destapar el caño, estuvo bien para distraerme un rato. Lo interesante es el principio del baño de Goyra, porque esta italiana normalmente camina con un shortcillo, topless y con una toalla en el hombro cuando se mete a bañar, pero eso sólo incomoda a Mimi porque Semefo es ciego y, por mi parte, es algo que puedo presumir en mi blog.
Al regresar, Semefo bajaba las escaleras con un costal de plástico negro. quise ira a yudarlo pero me sintió o algo así y me dijo que él bodía, así con la be porque la pronunciación todavía le hace estragos, así que fui a dejar la leche.
Semefo bajó feliz o algo así, dijo buenos días y después preguntó:
--¿Dónde está la pazara?
Mimi me miró, yo la miré, Semefo creo que no miró nada, y entonces, yo pensando que hablaba del tianguis por la similitud entre pazara y bazar, le dije que estaba a cinco cuadras. y que después del desayuno podíamos ir, él hizo un gesto raro y aceptó.
La duda de cómo chingados iba a comprar sin ver me llamó la atención durante el desayuno, pero total que al final le dije que se preparara. él fue por el costal que había dejadoa un lado mientras desayunaba y se dirigía a la salida. Le pregunté qué tenía ahí y dijo:
--Es bara bazara
--Pero normalmente no puedes vender, Semefo, sólo comprar.
Semefo puso la cara de qué pedo si no quiero vender mis tiliches, lanzó un suspiró, buscó en uno de sus gadgets y repitió:
--¿el pote de la pas uo ra?
Ya me habían dado ganas de ir al tianguis, a ver qué día voy.
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