5 de septiembre de 2006

Otro tratado apolgético de las burradas de este blog

Recuerdo que antes decía, en la época de querer reformar los piropos, algo así como "tanto genotipo y yo sin pluma", lo cual se puede aplicar, ya sin dirigirlo a una mujer, a lo que me sucede cuando quiero comenzar una nueva entrada del blog. Nuevamente, creo que esto de estar metiendo idioteces al blog no es para mí. La razón es que cuando llega a mi mente la idea todo suena bien, pero ya frente a la computadora todo se reduce a la basura que publico. Quizá si meto conceptos más terrenos y no intento elevarme en teorías acerca de pedos de monjas o en teorías como tal podría traer mejor calidad a este blog, y creo que eso haré hoy. Esta ocasión he querido hablarles del blog que antecedió a este, que comenzó como un ejercicio narrativo que tenía en común el relato de lo que aconteció en un viaje a Zacatecas, Zacatecas junto con otros seis compañeros de mi facultad que mandaron ponencia al Cuarto Congreso Nacional de Estudiantes de Literatura. Hubiera seguido ese blog, pero terminó la historia casi al mismo tiempo en que el MSN Spaces cambió de estilo a uno que a nadie le gustó, además de que el servidor se caía a cada rato. Puedo rescatar de ahí varias ideas que he omitido, pero seguir hablando de Zacatecas por el simple motivo de ir para allá suena muy poco original, o igual de valioso que si describiera cuando fui por primera vez a una sexshop, a un bar, a un restaurante, a un show de Polo Polo, a una función de mimos, o a cada lugar que sea ajeno a mi casa. En fin, voy a revisar aquellas casi veinte hojas de relatos en espacios Zacatecanos para ver si puedo agregar algo cursi a este blog.

3 de septiembre de 2006

La monja con silbato

sé que el título de esta entrada que estoy publicando puede sonar a título de canción para samba o reggaetón donde el cantante grita la orden a una monjita para que perrée, pero en realidad tiene que ver con una reflexión en torno a los musicales que últimamente parecen estar llenando nuestra vida, que son no sólo las obras de broadway que duran dos horas o más, sino los videos musicales que salen en la tele y a los que hasta les han puesto ya varios canales dedicados a su publicación durante todo el día. La observación es que de los primeros musicales que conozco está la película de la novicia rebelde, que trata de la historia de la casi monja que se pone a trabajar de niñera y canta para complacer al público mientras enseña a los niños a cantar y flirtea con su delantal a su jefe, quien gusta de jugar con un silbato para mandar a sus niños. Esta monjita pudo ser un sex symbol de aquella época por el simple hecho de saber tocar un instrumento musical, enseñar pacientemente a los niños y guardar un poco de alma infantil de esa que, probablemente, le guste a aquellos viejitos que vieron la película y sintieron algo de deseo por una casi monja. Y es que también debemos tomar en cuenta el sentido estético que tiene la película, generalmente las monjas que se suelen ver en la ciudad donde vivo no tienen atributos socialmente bellos que se puedan rescatar, solamente puedo mencionar aquellos hombros rompoperos que las diferencian de los darketos y la belleza de aquella monja enojona del canal católico que nunca ha amenazado a alguien con cortarle los dedos o lavarle la boca con jabón. Entonces la imagen de una monja con silbato no se puede acercar a la belleza en un contexto como en el que vivimos, la belleza de las monjas y de esas misioneras de jehová que tocan en el momento de que la película va en el So long, farewell, auf wiedersehen, good bye no se incrementa con un silbato, pero el silbato les brinda una propiedad sadomasoquista que nos hace considerarlas como dominatrices o como una raza de policías que, por tener a Dios de su lado, probablemente traerían más seguridad a un país donde los únicos silbatos que son escuchados por todos son los de los carritos que venden camotes.

1 de septiembre de 2006

La fábula del enchufe y la hormiga.

En momento de ocio, recuerdo que en la secundaria alguien mencionó que por culpa de una colonia de hormigas que vivían en un enchufe de su casa se fue la luz y todo un cuarto comenzó a oler a hormiga quemada. ¡Las pendejadas que recuerda uno cuando está frente a un monitor! En fin, creo que ya volví a la escuela, vuelvo a ver a la misma gente de antes y algunos rostros nuevos de repetidores que supongo cada uno tendrá sus historias, pero pese a que dichas historias puedan ser las mejores que escucharé en mi vida, detesto escuchar a y hablar de personas en particular, ya que cada palabra condena mi recibimiento social, además de que nunca me enseñé a elogiar y no tengo intención de aprender a hablar bien de otros cuando ni siquiera me gusta hablar bien de mí mismo. Continuando con la fábula, quisiera buscar una moraleja de aquella experiencia que recordé cuando ayer, mientras cambiaba un foco, vi una hormiga salir del socket, pero lo único que llega a mi mente son otros cuentos fuera del tiempo, como cuando se cayó un niño mientras intentaba bailar tap como el negrito bailarín y después de llorar como princesa le echó la culpa a que no tenía el mismo atuendo de bastón, bombín y clavel en el ojal que dice la canción, no al pésimo zapatazo que dio cuando interpretaba el tap como sinónimo de conga-berserk (léase ska, pero bailado con zapatos grandes). En fin, creo que debo de terminar de leer ya el libro de Corazón de Amicis, por lo aburrido y patriótico dejé de leerlo en cuanto un niño sacó primer lugar y, casi automática e inverosimilmente, su padre, sin problema alguno, pese a estar desde el inicio del libro colgado diario de la botella y usando los golpes para dizque educar, al día siguiente es un hombre de bien sin problema alguno. Y me había tragado otras escenas igual de italianamente cursis y nacionalistas, pero esta me desilusionó por completo. A ver cuándo termino ese libro.