6 de enero de 2008

Libros que no se han de escribir

Señores, nointento como los antiguos hacer un prólogo en el que resuma una novela, pero a continuación les doy la lista oculta de algo que nunca voy a escribir, solo en caso de que alguno de ustedes sí quiera, dichas ideas se volverán concretas. Sí, señores, ya sé que ustedes no quieren escribir novelas o si es que quieren escribirla lo harán solo por el capricho de la experimentación y dejarán la trama en un segundo plano: Una investigadora de robotecnología desarrolla, en un mundo donde el sexo mata a los participantes en tres días, una línea de androides que satisfacen a unos y otros sin riesgo de muerte. Corresponde a ella hacer la primera prueba de su invento y éste falla. Una rata en Paris descubre las bondades de la combinación de sabores gracias a un sentido del olfato... ish... Un señor se enamora durante su retiro espiritual de una vaca que lo acompaña siempre y cuando ésta está por morir la lleva al amazonas a que le encojan su cabeza. Posteriormente la cabeza, por las propiedades minerales que obtuvo, le ayuda a predecir instantes del futuro y se convierte en el señor que dicta las modas vestuarias en Paris, acción que le da éxito hasta que el idiota se enamora de una cabra. Una sirena se enamora de un marinero que le orina encima todas las noches hasta que en una de esas no aparece y desde entonces su sonido se vuelve triste Batman pelea contra El joker, quien es ayudado por Bob esponja y tienen un ejército de 101 dálmatas. La historia de una bolsa de plástico que de ser primero usada para cargar un juguete pasa por distintas etapas hasta terminar siendo el arma suicida de un mendigo enamorado de una modelo. Un caricaturista se vuelve caricatura y... chale, ya hicieron esto. Un judío busca juntar dinero en Las vegas para hacerse una anticircunsición. Un señor se alimenta de papas toda su vida hasta que descubre la carne de sus manos. "Mamá, papá, tengo mi blog" Ad nausea. Señores, ustedes que deben vivir de las tramas a su alrededor y de chistes que se pueden contar una y otra vez, sepan que sin historias pueden sacar algo de provecho, como una historia propia

Una cáscara de coco



Lo que resulta castrante es el saber de aquéllas personas que, por su sensible sentido de la premeditación y mariconería ante las revisiones de posibilidades, profetizan una idiotez tras otra con muy pocas probabilidades de que sucedan. Y algo más castrante es querer imitar la rebuscona sensatez de otros escritores para mencionar algo que en la dizque voz propia que estoy trabajando pudo quedar mejor dicho: Me cagan los miedosos.
Una cáscara de coco puede servir como tronco de adorno dentro de un acuario, más si uno va a la fábrica de artesanías cocoteras en Tecoman y pide uno en forma de changuito sin pintura o contaminante alguno. Le ponemos un poco de musgo y plantitas para que se vea con vida vegetal el changuito y con eso lo podemos vender en cerca de setecientos pesos a algún adorador de los objetos inútiles en una pecera. Pero para una persona como esas que me cagan, el miedo de una cáscara de coco se traduce en viles pendejadas, como que si la dejan en medio de la calle puede matar a alguien o ponchar una llanta, que no se debe levantar porque a lo mejor hay un cangrejo, o un alacrán abajo de él, que las astillas del coco pueden entrar en el ojo y se queda uno ciego, o la más ridícula: si la levantas te vas a llenar de leche o agua de coco.
Y en este mundo vivimos rodeados de ridiculeces, pues hace cerca de doce años me eché encima el contenido de un coco cuando lo levanté, y pese a que era más bien algo que oscilaba entre un coco loco y vinagre de coco, esta persona alimentó su sentido de prevención y el ánimo de decir lo que va a acontecer como una forma, para ella, de convivencia social.
Y es ahí que en este mundo tenemos a los que nos cuentan lo que va a pasar en la películ, que si el malo le ofrece a la buenota una lana para dormir con ella en el granero, que si el bueno toma la lana mientras la buenota se lo gana, y que si luego va a matar al soldado, y que si luego van a una obra de teatro donde no hay música, que si luego de ahí el violín se destruye, que luego le va a llegar una pelota de tenis, etcétera.
Y todo es por culpa de la experiencia, pues; ésta es la que nos obliga a predecir cosas para dañar a otros. Si no hubieran visto antes la película o supieran todas las probabilidades ante una escena determinada, cada uno tendría su propia forma de sorpenderse al chorrearse con leche de coco o ser picados por un alacrán.
Por cierto, si buscan un remedio contra el piquete de alacrán, hay varios métodos de rancho, pero por si las dudas llévelo al médico también:
Se mantiene la calma del paciente para que el veneno no huya por todo el cuerpo, se navajea una cruz en el punto del piquete, pero no católica, sino una equis, para que se pueda chupar la sangre que salga junto con algunos rastros del veneno. Después se aplica ajo machacado en la herida y se le da al paciente agua tibia.
Para cuando esto suceda y si usted tiene ya años en un terreno abundio en alacranes, usted ya tendrá en alcohol remojando por mucho tiempo unos cuantos alacranes y el alcohol ya estará amarillento o verde según el grado de reposo y veneno que tenga. frote con este líquido el punto de la picadura, dicen que con esto ya está, pero sabrán los ancestros.
Se hierve agua, en un calcetín se pone un cerote y éste se pone en el agua hirviendo a manera de talega, se toma el agua, obviamente ya medio tibia a no ser que además de envenenado se quiera quemar la boca, y se chupa el calcetín como algunos acostumbran hacer con las bolsas de té. En la teoría, el que toma esto suda el veneno, o las bacterias debilitadas del cerote ayudan a la producción de anticuerpos, sepa la marrana.
Y finalmente, aunque este no es un remedio, hay ocasiones en que el que se muere es el alacrán. Dicen que porque la persona tiene anto, otros que porque ya no es virgen, otros que porque tiene genes de cucaracha, otros que porque comen mucho chile y té de árnica, otros que porque son unos cabrones que merecen morir, supongo que eso depende de las creencias del pueblo.

Y si buscan otro tipo de remedios naturales, mejor pregunte a alguien que no se sienta herbodependiente.

5 de enero de 2008

De mercados

¿Querían calidad? se chingan. Lamentablemente, los mercados siempre tienen su lugar apestoso, ya sea donde venden pavos y reses, como en Yucatán, o donde venden pescados y papayas, como en los mercados de por aquí. La cosa es que, como un ser extranjero a la sensación del comprar-vender, siempre termino como el de aquél chiste infantil que se trancea al taxista. No está en mí el regatear ante precios medianamente establecidos y ampliamente fraudulentos, no soy como mis parientes alumnos de la bartola que por diez pesos compran mandarinas, aguacates, tortillas, jitomate, frijoles, cebolla, perejil y, además, les sobra como para comprar un juguete de tres pesos para sus hijos o su sobrino. Entonces, señores, y digo señores puesto que, siendo honesto, sólo una señora es la que pasa sus oclayos (del latín occulum) por estos barrios, han de tener consideración de este pobre personaje que en lugar de regatear pesos en una tienda regatea sílabas en un poema, lo que me coloca en el puesto privilegiado del pariente idiota que no debemos molestar para mandarlo a la tienda. No obstante, como soy de los pocos que "no están haciendo nada y tampoco están viendo la televisión", entre los primos y parientes hacedores de mandados soy el único disponible para ir por lo que les falta para hacer tamales, es decir, todo el mandado, pues la tina para batir y la olla ya las fui a comprar el año pasado. Lo curioso es que nomás me dieron cuarenta pesos para comprar infinidad de artículos, como hojas, masa, carne, tomate, chiles, royal, especias, y si me quedaba que fuera a la tlapalería por un metro de soga para la hamaca. Así que ahí estoy yo en las tiendas de miniprestigio para hacer rendir el dinero. Pero a lo que iba es que en ese entorno se entienden las distintas expresiones de siempre: te peinaste como cargador, que quiere decir algo parecido a "te estalló el boiler", que implica tener en el cabello marcada o la almohada o la canasta, según sea el caso, entre dormido y cargador. Hablas como niña de la fruta, que implica el uso de un tono agudo y rápido, tan rápido como para forzar a los oyentes a preguntar "¿Qué es lo que vendes?" Traes calcetines de cuentachiles, que implica traerlos con distinto defecto, ya sea en color piel o au naturel, mientras el otro es café claro, o con roturas, uno de bob esponja y otro con rombos, o de abuelitos, o ya de plano que en esos calcetines traigan el dinero. Cara de platanero, que es lo mismo que la cara de jarioso, pero con los extras de estar gordo y bigotudo. Manos de cortaguazanas, que es algo así como el traer manos de pelatomates o de basurero, es decir que les hace falta una lavadita. traer los ojos como delantal de pozolera, con una bolsa para las monedas, otra para los billetes, otra con una libreta otra con una servileta para los mocos, otra con chiles, otra con la medicina del sobrino a quien nunca ve; que se ve como toda arracimada por tantas bolsas, pues. En fin, que no me molesta que se agarren a peleas verbórreas como vendedores de "chile agarren el montón a cinco" o de "apachurre los plátanos con confianza, que están maduritos", sólo que no me hago responsable de los pleitos emocionles que resulten de eso.