18 de febrero de 2011

Cementerio de Mezquitán.

Ahí tá mi abuelito, y los del 22 de abril, y ahí me encontré un muñequito vudú, y a la vuelta venden menudo. Ahí está lo que sé del panteón, ah, y lo divide una callejuela por donde venden floresitas y tiene mapas y te cobran re cara el agua...
Lo que una persona quiere cuando se muera puede ir desde ser enterrado con su chaparrita hasta pedir que avienten sus cenizas a la azotea. Eso sí, preparar una cosa para la muerte de uno parece el motivo de miles de líneas que generan historias. Pero seleccionar una piedra para decirles a otros que exististe, ser visitado año tras año por muchas personas, soportar que alguien se mee en la tumba, la raye o le ponga una bandera de Perú o ya de plano que la salte, es inmortalidad. Lamentablemente, en Mezquitán pareciera que les quiamos toda vida a los muertitos mediante la mímesis que propuso París en el arte.
Ahora, junto con otros turistas, sé bien como llegar a la tumba de algunos artistillas de esos que se leen ya sea por placer o por la escuela. Y así como pasa con todo lo que no se conoce de Jalisco, sólo sé llegar en el cementerio de Mezquitán a las piedrotas de dos escritores jaliscienses. Nadie del siglo xx. El resto no sé dónde están enterrados y hay algunos a los que les gusta salir de noche. Pero supongo que nadie pagaría un "tur" para saberlo y visitarlos, ¿o sí?
Aunque en casi todo se asemeja a lugares de europa, en Jalisco, o mejor dicho, en Guadalajara, si bien es posible que haya habido un buen cúmulo de personas atractivas mundialmente (intelectualmente, o sea que no hablo de Teo Gonzáles o la miss universo), su fama se va entre la poca que tiene el estado como foco cultural y anticentro de la región. Nuestra historia se escapa entre puentes y arcos que igualan o superan a los de otros lados. De nada sirve crear por dos siglos nuestra dizque propia literatura si en otros lados realmente estamos pendejos. Yo quisiera un sistema de transporte adaptado a Guadalajara como el sistema de taxis de Tepic, pero pos a ver cuándo

27 de noviembre de 2010

Cómo se juega cuando no hay botellas cerca.

Seguramente o usted fue de los implacables que tienen una muñeca de abrerrefrescos ya sea por abrir refrescos o porque desde muy pequeño jugó el tan agraciado juego de la botellita. Como sea, dado que una botella de vidrio puede ser peligrosa para los chilpayates, y además como el plástico nunca gira bien y las mamás se enojan si usamos el termo de los niños, en las escuelas primarias hay que ponerse creativos.
La primera parte, se busca úna (acento en la u porque sólo debe ser una) colchoneta o un lugar con pasto como mínimo, luego los niños hacen la tradicional ruedita de la que salen los mandadores y los mandaderos. Luego se dan las instrucciones del juego, mismas que igual y deben explicar hasta que lean toda esta entrada si ustedes siguen  pensando que esto sólo sirve para besar al más feo de la clase.
Ya entendidas las reglas, el niño inicial dice un número mayor al doscientos, o igual puede darlo hasta el doscientos y dejarlo como clave. Entonces, la maestra se pone en medio de la rueda y rápidamente da cuantas vueltas haya dicho el niño. Establezca un máximo de vueltas porque luego los mocosos se aprovechan de uno.
Finalmente, la anatomía hace lo suyo y la mujer ésta se cae. Y adonde apunte la cabeza el niño mandará y a donde apunten los pies será el mandado. En el caso de que las piernas apunten a sendas direcciones, habrá dos mandaderos. Le recomendamos a la maestra que use pantalón porque tienden a caer despatarrajadas y luego, si de por sí la escuela ya es traumante.
Hay algunas reglas más: si la botellita llegara a vomitar, los papeles se invierten porque ahora es la cabeza lo que olerá peor.

Si se le sale un zapato a la maestra, este pie queda deshabilitado hasta que se salga el otro. Los niños deben esconder los zapatos hasta el final del juego, no se vale ponérselos de nuevo.
Debe de ser preferente mente una maestra porque generalmente es más gracioso, que es mejor ver una autoridad femenina en el suelo de vez en cuando en esta sociedad
El juego debe de seguir durante un buen tiempo para que los niños aprendan a contar hasta números más allá del cien y hasta lo pueden hacer en orden regresiva. No se le ocurra sustituirse con un alumno, pues con este procedimiento ya se arriesga, al momento de señalar al mocoso con el pie, a que la acusen de maltrato.

13 de noviembre de 2010

La gran señora de los lamentos o del arte en Gua-lajara

Acá, la selva tapatía, luego de un día de trabajo se ven algunos mamotretos de cuerpos quemados y otras cosas.
Hace algo de tiempo, esos mamotretos tenían caras o cabezas y vestidos que a algunos les parecían vistosos y a otros les parecieron altamente flamables.
Si desde la cosa esa de las vacas ya se sabía que éramos un grupo que tiende a la destrucción, no entiendo por qué la gente se sorprendió cuando unas calacas hechas a veces con papel maché y otras veces con fibra de vidrio y otras con bendas y con penachos y vestidos y todo eso, terminaron desensambladas o quemadas.
Lo estraño (con ese de Salisco) es que una cosa que se hizo por grupos desconocidos que sabe cómo hayan invitado, o sea, los creadores iniciales, luego fue destruido en el casi mismo día de los muertos para entonces traer las manifestaciones de la señora de los lamentos, patrona de los armazones de vigas corrugadas. Sabe quién sea el que las vuelva a modificar.
Se debe aceptar que todo aquello que no es útil en la calle es un estorbo que queda a la merced del que lo quiera modificar. Lamentablemente, esa brecha generacional que más bien se llama el conflicto entre el conservadurismo y el caos causa que las cosas se vean feas, pues es el artista quien debió quemarla y llamar a una rueda de prensa. Y también es el artista quien debe decidir si poner un letrero en su mono, no en todos. leí como cuatro respetos, dos crímenes, un pensar en los niños, dos mutilaciones y sabe qué tantas leyendas de esa señora que sólo supo plastificar papelitos y doblar alambres. El fenómeno de la modificación me dice que el arte en guadalajara se está estancando en el momento de la creatividad, es como si, si una de nuestras selecciones nacionales hubiera ganado algún partido o evento, tomaran el elefante o la guitarra o cualquier estatua móvil como esas calaquitas y los pusieran a bailar. Eso es el arte en gua-lajara, acá.