10 de agosto de 2016

La historia del separador (1)

La historia de esta vez toca a un detalle que se conservó en el diario de viaje. Sí, Lille era una ciudad tan rara que tengo un diario de viaje más cercano a diario de comida, pero ahí se atrapó esta anécdota con transcurso de varias semanas. Por evitar aburrirlos con conversaciones de diversas índoles, caídas y días de quejas sin refrigerador, ideas de grafiti, experimentos para adquirir un gusto por los maquereaux y crisis existenciales en donde daban ganas de matar al mundo, sólamente intentaré extraer lo importante de la historia y abordar el caso de otro triste a quien también la figura femenina magrebí le movió el tapete.

1 de agosto de 2016

El asistente con letra de mujer

—Debe sentirse orgulloso, maneja muy bien la lengua. Usted tiene el idioma francés en la palma de su mano y lo utiliza cuando quiere.
Esas palabras son tan cordiales como las que un mexicano diría a un extranjero que anda moviéndose en el español con frases a medias. Como una forma educada y guantiblanquecina de decirle que gracias por participar. Pero, en esta ocasión, yo no me gané tal halago.

19 de julio de 2016

Pero quería camisa fina.

Uno se prepara para viajar a ese otro país y se dice: "Los franceses son expertos en moda, por lo tanto, hay que llevar ropa de buena apariencia". Y, ya allá, llega el golpe. Mejor dicho: el tufo de la realidad.