19 de septiembre de 2007

¿Aztlán?

Bien han de tener esa palabra en su recuerdo histórico de las civilizaciones que anduvieron por estos suelos: la tierra blanca y natal de una especie. Entonces, en un congreso alrededor del mito, alguien dijo que probablemente nosotros en tanto descendientes de estos señores de Aztlán, queremos regresar como Ulises a su lugar de origen. Si Aztlán está entonces como una tierra primordial y llena de abundancia en el sentido de protección, el fenómeno pareciera emparejarse con el cruce de la frontera que tenemos con el país vecino al norte: la inmigración ilegal. Entonces, con esto dicho, les mostraré un poco de lo que implica tomar el grado cero de las palabras en la sociocítrica: ellos, en su idioma, le dicen: border, que significa o equivale a decir orilla [para no decir borde, que casi es lo mismo]. Es decir, para ellos, la orilla de su país es algo que pueden pasar de un momento a otro en que lo deseen, es como una cerquita que no existe, sólo limita lo nuestro. Nosotros, en nuestro idioma, no le decimos bordo u orilla de forma usual: le decimos Frontera, que probablemente sea algo así como para denominar que es lo que tenemos en frente, algo a lo que no vamos a llegar por alguna limitación. Entonces, con esto se comprueba que el mismo lenguaje nos traiciona poniendo desde un principio las limitantes que la sociedad hablante tiene. Un niño con un léxico poco desarrollado puede entender que no tenemos algo, por ejemplo, dinero; pero para ellos resulta extraño si decimos que no hay dinero. pareciera que en un principio los niños son acostumbrados al hecho y efecto de tener algo, poseer algo. El ver un objeto conforme a su existencia parece que es más difícil, por la carga abstracta que del verbo haber. Pero no sé, el lenguaje traiciona desde siempre nuestra forma de actuar.

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