5 de enero de 2008

De mercados

¿Querían calidad? se chingan. Lamentablemente, los mercados siempre tienen su lugar apestoso, ya sea donde venden pavos y reses, como en Yucatán, o donde venden pescados y papayas, como en los mercados de por aquí. La cosa es que, como un ser extranjero a la sensación del comprar-vender, siempre termino como el de aquél chiste infantil que se trancea al taxista. No está en mí el regatear ante precios medianamente establecidos y ampliamente fraudulentos, no soy como mis parientes alumnos de la bartola que por diez pesos compran mandarinas, aguacates, tortillas, jitomate, frijoles, cebolla, perejil y, además, les sobra como para comprar un juguete de tres pesos para sus hijos o su sobrino. Entonces, señores, y digo señores puesto que, siendo honesto, sólo una señora es la que pasa sus oclayos (del latín occulum) por estos barrios, han de tener consideración de este pobre personaje que en lugar de regatear pesos en una tienda regatea sílabas en un poema, lo que me coloca en el puesto privilegiado del pariente idiota que no debemos molestar para mandarlo a la tienda. No obstante, como soy de los pocos que "no están haciendo nada y tampoco están viendo la televisión", entre los primos y parientes hacedores de mandados soy el único disponible para ir por lo que les falta para hacer tamales, es decir, todo el mandado, pues la tina para batir y la olla ya las fui a comprar el año pasado. Lo curioso es que nomás me dieron cuarenta pesos para comprar infinidad de artículos, como hojas, masa, carne, tomate, chiles, royal, especias, y si me quedaba que fuera a la tlapalería por un metro de soga para la hamaca. Así que ahí estoy yo en las tiendas de miniprestigio para hacer rendir el dinero. Pero a lo que iba es que en ese entorno se entienden las distintas expresiones de siempre: te peinaste como cargador, que quiere decir algo parecido a "te estalló el boiler", que implica tener en el cabello marcada o la almohada o la canasta, según sea el caso, entre dormido y cargador. Hablas como niña de la fruta, que implica el uso de un tono agudo y rápido, tan rápido como para forzar a los oyentes a preguntar "¿Qué es lo que vendes?" Traes calcetines de cuentachiles, que implica traerlos con distinto defecto, ya sea en color piel o au naturel, mientras el otro es café claro, o con roturas, uno de bob esponja y otro con rombos, o de abuelitos, o ya de plano que en esos calcetines traigan el dinero. Cara de platanero, que es lo mismo que la cara de jarioso, pero con los extras de estar gordo y bigotudo. Manos de cortaguazanas, que es algo así como el traer manos de pelatomates o de basurero, es decir que les hace falta una lavadita. traer los ojos como delantal de pozolera, con una bolsa para las monedas, otra para los billetes, otra con una libreta otra con una servileta para los mocos, otra con chiles, otra con la medicina del sobrino a quien nunca ve; que se ve como toda arracimada por tantas bolsas, pues. En fin, que no me molesta que se agarren a peleas verbórreas como vendedores de "chile agarren el montón a cinco" o de "apachurre los plátanos con confianza, que están maduritos", sólo que no me hago responsable de los pleitos emocionles que resulten de eso.

1 comentario:

  1. a que te refieres con "los pleitos emocionles que resulten de eso". digo...nadie es mi amigo si acaso habría pleitos emocionales eNtre tú y yo, pero dudo que eso pase
    lo que he dicho de intelectualoides y de tus malas entradas no es ninguna novedad, y no creo que el comentario de gente que ni conozco me cause un conflicto emocional, ni yo le puedo causar un conflicto emocional a alguien, además qué más da ya estamos AMARGADOS JEJE. P.D. hay que hacerle un espacio a la duda.(¿Tengo que fingirme graciosa ?)

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