7 de septiembre de 2006

Andrómeda

[Intentaré tomar el análisis de amadas, aunque és mejor dicho personajes femeninos, yéndome con una mujer por letra del abecedario, y a ver si al final me quedan ganas de continuar haciendo esto] Si ustedes recuerdan, aunque lo dudo, al personaje marica de la caricatura de Saint Seiya (no marica, pues, pero era el único de los principales que tenía cabello verde, armadura rosada y una sensibilidad excesiva que le hacía llorar por cualquier cosa, además de que su ataque más cruel,una corriente de aire rosada, solamente forraba de cristalitos rosados al oponente), estarán de acuerdo que no hizo gran honor a la historia de Ovidio donde una verdadera mujer se sacrifica para salvar un reino. Ahora, esta imagen de un personaje generalmente olvidado en el consciente colectivo de Guadalajara, toma importancia cuando entra en juego el deseo que esta mujer le causa a un tal Perseo, ya más conocido en el mundo esnobista de Guadalajara. Él la ve y en ese instante se enamora de ella y mata al monstruo que iba a comérsela o nomás matarla, y la historia termina cuando estos dos se casan [favor de poner en honor a esto los primeros treinta segunditos de Games People Play]. Pero Ovidio, en la traducción que yo tengo, dice, sobre la primera vista(omito la separación por dizque versos y algunas descripciones que recomiendo pero no comparto):

Súbito Perseo a dura peña de los brazos atada la ve [...] y sin saber se inflama de amor y queda atónito. Su pluma, arrebatada ante belleza tanta, casi olvida batir en medio al aire. [...] Muda al principio, no osa al hombre hablar la virgen, y su rostro modesto con la mano se cubriera, si no estuviese atada.

Quizá sólo a mí me llame la atención, pero aquí podemos observar que el interés de Perseo yace en las cadenas de la mujer y en la imposibilidad de cubrir su vergüenza ante el hombre que está cerca. Andrómeda, la amada atada de Perseo, es la titular de la letra A, según yo. Le siguen de cerca Adele de la película Kalifornia, Amelie Poulain, la Alicia de Lewis Carroll, la revolucionaria Adelita y la infantil Almendrita. A la suicida de Ana Karenina no la pongo porque no he leído semejante libro o visto la película. Por favor, si me falta una, háganmelo saber o hablen ella en su blog.

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