29 de septiembre de 2006

Te hizo daño el smog,

Esta entrada es sólo para decir que desde el día en que volví del DF ya no se ve esta ciudad como antes. Esto no quiere decir que la voy a hacer de traicionero y en la próxima ocasión que se me presente voy a intentar quedarme allá para siempre, pero quiero decir que todo lo que me rodea, aun siendo lo mismo, lo percibo diferente. Es decir, me fui siete días de la ciudad y nada cambió en mis allegados más cercanos. Y como no hay mucho que me haya ocurrido y quisiera contarles, hago la siguiente observación. Desde hace mucho tiempo, eso de usar aretes se volvió una moda y dejó de ser un signo de inteligencia. Lo que digo, ahora que estoy haciendo una conversación antes que una historia, es que ellas no tienen un porqué para usar esos aretes, si fuera una muestra de poder el traer colgado algo que llega hasta los hombros, esas personas tan poderosas no tendrían por qué estar esperando el camión. Cualquiera que fuera la razón por la que los usen, el hecho de esperar el camión como toda la gente es algo que no necesita del uso de aretes enormes. Esta reflexión viene a tomar parte en mí porque me parece que una mujer inteligente puede decidir no usar aretes para realzar su belleza. Es obvio que los adolescentes en muy pocas ocasiones se fijarán en los aretes de una mujer antes que en la cintura y otras partes que caracterizan al género femenino para bien o para mal de éste. No sé ustedes, pero los aretes son una pérdida de tiempo para las mujeres por el hecho de que se tiene que buscar que combinen los aretes con los anillos, los zapatos, el color del rimel, del labial, de la playera, del cinturón, del bolso, del broche del peinado, de sus anteojos, del prendedor que traigan en el hombro, del collar, de la mascada, del lugar al que van a ir, y aparte debe de ser un arete que no les opaque el rostro blanqueado que exige la moda... Si tan solo dejaran de fijarse en los aretes, aun cuando esto implica que los joyeros quieran matarme por hacer campaña contra ellos, se ahorrarían gran tiempo... en fin, sigo vivo, atareado hasta el quiote, pero vivo.

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