5 de abril de 2007

Con Zeta...

Después de aquella nerudeada, ustedes saben que en muchas ocasiones, al terminar de escribir por pasatiempo, nos queda la hormiguita rascabuchera de seguirlo haciendo, y de ahí nació una pendejada a partir de lo que se establecía en el Manifiesto Infrahuevón: y el inicial decía lo siguiente:
Quiero ser un cliché pero sólo me puedo suicidar con zeta porque alguien me ganó la ese.
Total que mejor me fui a ver en qué otra cosa podría perder el tiempo para no escribir cosas de tan bajo nivel(y aparte nivel local). Lamentablemente, sólo podía pensar en superar mi escritura y perder aquella idea, cambiarla hasta que ya no perteneciera al chiste local, salir del manifiesto que nunca se llevó a cabo, que es sólo un sueño idiota nacido de conversaciones simples, como el intento por rescatar la posibilidad de no estar solos, pero qué más puede ser un manifiesto en estos días. Y entonces, así como a veces se nos abre el universo del conocimiento inútil, vi que hablar de un manifiesto es hablar de lo que nunca se logrará hacer, es decir, si nos vamos nuevamente al pinche angelito madreado que nos han mostrado en las escuelas, ése que es inasible y sólo deja una pluma o dos que no tardan en desaparecer, seguimos con lo mismo, todos los manifiestos se dedican a decir por qué no se puede agarrar tal ángel. Y así terminamos con nombres vacíos para la sociedad y con una superioridad igual a la que sentimos cuando aprendemos a pegarle a la bola blanca y cuando metemos a la buchaca finalmente una bola de otro color.

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